MUERTE DE ALEJANDRO J. ARIAS
Ayer, 22 de octubre, día de Santa María Salomé, murió Alejandro Arias. Abogado, escribano, hacendado, economista, profesor de la Escuela Superior de Guerra de la Nación, notable escritor, incansable patriota a la par que católico inclaudicable. Para los que tuvimos el privilegio de conocerlo fue, además, entrañable amigo. En su figura varonil de caballero se destacaba a primera vista una reciedumbre que podía parecer dureza, pero que no era más que la corteza que cubría un corazón paternal y benévolo.
Fue un verdadero noble, por su cuna, pero más por su vida, y sobre todo por su muerte. Diríase que en él se cumplió a la perfección la sentencia que reza que “no se es noble por nacer en la nobleza sino por morir en ella”. Y Alejandro no se contentó con nacer de noble estirpe castellana, sino que haciendo honor a ella vivió como un caballero, “desfaziendo entuertos” y bregando por la restauración o refundación de la Argentina católica, incluso en sus últimos días, aquejado por dolorosísima enfermedad.
Católico cabal, apegado a la tradición bimilenaria de la Iglesia “semper idem”, deja en su familia y amigos una honda huella, que no esconde el dolor por su pérdida, pero que se encuentra fortalecida y consolada por una Fe y Esperanza sobrenaturales que siguiendo su ejemplo, no desfallecen.
Esta tarde el R.P. Gentile rezó una Misa de Réquiem en la capilla de la Fraternidad San Pío X de la calle Venezuela, a la que mientras pudo, asistió a misa. Esta última, cubierto el féretro con la mortaja negra y la cruz dorada. A la negrura de las vestiduras y ornamentos, que simbolizan nuestro tránsito y que nos mueven a la contemplación de los novísimos, y terminada la misa, el celebrante rezó el responso al que siguió el canto del “Libérame”, en celestial gregoriano que llenó la nave, antes de la procesión con los restos hacia el cementerio de la Recoleta.
Una vez allí, y entre numerosos amigos, y luego de un último responso, el Dr. Juan Olmedo Alba Posse hizo un emocionado panegírico del amigo, ante la viuda e hijos que de manera ejemplarmente cristiana y sin los excesos sensibles tan en boga, despidieron a su marido y padre, con la sobria sencillez de esta tierra criolla.
Así partió a la eternidad Alejandro Arias, murió como supo vivir. Nosotros, con la esperanza puesta en Dios, que es justo juez, lo encomendamos a Nuestra Señora en nuestras oraciones y confiamos en que cuando el Ángel que sirve a las puertas del paraíso lo nombre, Alejandro responda reciamente, como nosotros hacemos ahora: Presente!
"Amar la patria
es el amor primero
y es el postrer amor
después de Dios,
y si es crucificado
y verdadero
ya son un solo amor,
ya no son dos.
Amar la patria
hasta jugar el cuero
del puro patrio
Bien Común en pos
y afrontar marejada
y majadero
eso se inscribe
al crédito de Dios"
1 Comments:
No tuve el honor ni la gracia de conocerlo. Que descanse en la Paz de Cristo. Mi pésame.
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