24.3.07

ALGUNAS REACCIONES SINTOMATICAS SOBRE LA SACRAMENTUM CARITATIS

Reflexionando acerca de la reciente Sacramentum Caritatis, sobre la que tan bien escribió “El último Alcázar” y en continuidad con lo que ya comenté en un post anterior, pensé que podía ser útil, ante tanto escándalo mediático por las recomendaciones del Papa referidas al uso de la lengua latina, revisar las disposiciones de la Constitución Sacrosantum Concilium del Concilio Vaticano II, sobre la liturgia romana.

Veamos que dice esta Constitución sobre la lengua latina y las lenguas vernáculas:

“36. § 1. Se conservará el uso de la lengua latina en los ritos latinos, salvo derecho particular.
§ 2. Sin embargo, como el uso de la lengua vulgar es muy útil para el pueblo en no pocas ocasiones, tanto en la Misa como en la administración de los Sacramentos y en otras partes de la Liturgia, se le podrá dar mayor cabida, ante todo, en as lecturas y moniciones, en algunas oraciones y cantos, conforme a las normas que acerca de esta materia se establecen para cada caso en los capítulos siguientes.
§ 3. Supuesto el cumplimiento de estas normas, será de incumbencia de la competente autoridad eclesiástica territorial, de la que se habla en el artículo 22, 2, determinar si ha de usarse la lengua vernácula y en qué extensión...”

“54. En las Misas celebradas con asistencia del pueblo puede darse el lugar debido a la lengua vernácula, principalmente en las lecturas y en la «oración común» y, según las circunstancias del lugar, también en las partes que corresponden al pueblo, a tenor del artículo 36 de esta Constitución. Procúrese, sin embargo, que los fieles sean capaces también de recitar o cantar juntos en latín las partes del ordinario de la Misa que les corresponde.Si en algún sitio parece oportuno el uso más amplio de la lengua vernácula, cúmplase lo prescrito en el artículo 40 de esta Constitución”.

Similares disposiciones se encuentran para los demás sacramentos, así como para el oficio divino.

No hace falta ser Santo Tomás de Aquino para advertir que lo que es mandado como regla es hoy más bien excepcional y que las excepciones campean como reglas. Si traspolamos esta constante a cosas más importantes que el idioma, se entiende la urgente necesidad de reconducir la reforma litúrgica en permanente evolución a sus cauces originales, lo imperioso de adecuarla a la voluntad real del Concilio. Y en esa línea de “reforma de la reforma” se encuentra la Exhortación del Papa.

Respecto de ella ha habido algunas voces críticas (estrictamente a-críticas) que se han rasgado las vestiduras acusando al Papa de destruir la obra de aggiornamento del Concilio. Entre ellas las hay de diabólico origen, como la de Hebe de Bonafini (leer completa acá) “Este Papa es un miserable, es mucho peor que los otros, que ya es mucho decir. Y esto que está haciendo ahora, otra vez volver a la misa al latín para que nadie entienda un pito de lo que dicen y la gente diga amén a todo, eso es muy terrible. Así que, compañeros, no es poca cosa lo que pasó ayer, es gravísimo. Los imperios se juntan, unos nos dominan porque se llevan todo, y otros nos quieren pudrir la cabeza para que no seamos libres. Porque el Vaticano es la cosa más represiva que existe, lo que más reprime a la gente, cada misa en latín es pura represión. No quiere más los cantos de los chicos con las guitarras en las iglesias, quiere los cantos de alabanza a Dios, ese Dios que no conoce nadie”. Algo tendrá el latín que provoca las iras de esta profesional de la revolución.

Y están otras que parecen provenir de la bien orquestada confusión general provocada por malos sacerdotes en las aturdidas molleras de sus fieles, como la carta de lectores publicada por el diario La Nación en que un señor muy ignorante (de nombre Roberto Arostegui) se lamenta del enorme retroceso representado por la Exhortación Apostólica del Papa, que no hará más que alejar “cada vez más a los jóvenes de nuestra religión”. Y lo hace “con el mayor respeto hacia Benedicto XVI” fundándose en una imaginaria encíclica dictada por el Papa Juan XXIII “que decidió que los celebrantes dieran la misa de cara a la gente y hablaran en el idioma nativo”. Burro, requeteburro!! Pretender enmendarle la plana al Papa está mal, no lo niego, pero mucho peor es la estupidez. Este señor critica la decisión del Papa, invocando la autoridad de “la encíclica de Juan XXIII”, que fue precisamente el autor de la encíclica “Veterum sapientia” en la que proféticamente amonesta a los Arosteguis futuros, con palabras como estas: "Que ningún innovador se atreva a escribir contra el uso de la lengua latina en los sagrados ritos (...) ni lleguen en su engreimiento a minimizar en esto la voluntad de la Sede Apostólica" (ver § 32). Pero seamos indulgentes, tal vez quiso referirse a Pablo VI y no a Juan XXII. Pero, caramba! Este Papa también dictó una Carta Apostólica contra la deslatinización (“Sacrificium Laudis”) en la que dice que ella "no sólo atenta contra este manantial fecundísimo de civilización y contra este riquísimo tesoro de piedad, sino también contra el decoro, la belleza y el vigor originario de la oración y de los cantos de la liturgia". Arostegui a tus zapatos.

Por otro lado, con la reforma posconciliar que se promulgó el 3 de abril de 1969 el novus ordo missae, el texto típico de la Misa, era todavía latino y sobre tal texto debían modelarse las traducciones concretas.

Sin embargo, Arostegui no es tanto culpable como víctima, porque de facto, como dice Romano Amerio en su irrefutado “Iota Unum”, “El latín y su congénere el canto gregoriano no solamente están abandonados (no obstante los reclamos contradictorios y débiles de Pablo VI), sino que son despreciados y ridiculizados como cosa que no puede ya tener lugar más que en una sociedad de muertos”. (para ver lo que piensa Romano Amerio sobre la reforma litúrgica en general, haga clic aquí ).

Pero ese tipo de reacción no es de temer desde ningún punto de vista, al menos por un católico bien plantado. Por desgracia no son pocos lo obispos que no parecen entrar dentro de esa categoría y reaccionaron acomodándose al sentir del mundo.

De esas reacciones se ocupó, con sana malicia, el recientemente aparecido blog “The Wanderer” que reseña la del rector del seminario de Buenos Aires, Padre Daniel Fernández que habría dicho que las palabras papales no implican el retorno a la Misa Tridentina, sino que se trata de “…la misa según el misal actual, que tiene una traducción en latín”. También toma los dichos del rector del seminario de Mendoza, Padre Sergio Buenanueva, que sostuvo que la Misa en lenguas modernas “es un paso irrevocable, con frutos innegables” (de eso estamos seguros, no tanto sobre su bondad), su obispo Mons. Arancibia, lo confirmó con firmísima voluntad cismática: la “Iglesia diocesana de Mendoza está actualizando su Plan de pastoral” y “aunque la Iglesia recomiende usar alguna vez el latín en la liturgia, seguiremos empeñados en celebrar la Misa para los fieles de Mendoza, de manera que tanto la Palabra de Dios, como todas las oraciones, resulten siempre comprensibles”. En pocas palabras: el Papa no sabe nada de nada y acá mando yo. El obispo de San Juan, Mons. Delgado, que obviamente tiene el celular de Dios, dice que “el plan de Dios no es complicarle la vida al hombre”. Por tanto, no tendremos que aprender latín, ni andar con misalitos en la mano ni las mujeres deberán volver a usar mantilla. Qué tranquilizador, imagínese, ¡se hubieran vaciado las Iglesias!

Es curioso ver que más que una preocupación en poner los medios para cumplir los deseos del Papa, se ve una preocupación por minimizar la relevancia de la Exhortación, como si careciera de todo valor vinculante. Más aún, hay una constante en las declaraciones y es que quieren transmitir cierta tranquilidad a la preocupación del Mundo, como si dijeran “aquí no ha pasado nada”. ¿Y para qué se preocupó entonces el Papa en responder tan largamente a las cuestiones planteadas en el Sínodo si en definitiva nada tiene que cambiar y todo se está haciendo de maravillas? Nuestros preclaros ordinarios, deben pensar que chochea.

Pero dudo que sea así, y la verdad es que las reacciones episcopales no son más que una manera de medir fuerzas contra un Papa que viene moverles la estantería. De alguna manera ratifican las palabras que el actual pontífice, entonces cardenal Ratzinger, dirigiera a Raymond Arroyo de EWTN en un reportaje concedido en el año 2003 y cuya síntesis publiqué con motivo de la elección de Benedicto XVI calificándolo de un programa de gobierno. En esa oportunidad dije, sintetizando las palabras del entrevistado, que en ellas veía “El reconocimiento de que la Iglesia vive una crisi, y que esa crisis es de Fe, ya que impera el relativismo y la idea de que todo es igual, que todos los credos son iguales. Que esa crisi de Fe tiene al menos 40 o 50 años y que se revela arquetípicamente en la crisis de la liturgia pos-conciliar. Para solucionar ese problema sugiere volver al latin como signo visible de la universalidad de la Iglesia y aclarar que la misa tradicional nunca fue abolida. Dios meidante, la acción de gobierno consecuente con ese diagnóstico sería declarar la libertad universal para el rezo de la misa tradicional. El cisma de facto en que vive la Iglesia (donde muchos se dicen católicos pero no creen en lo que manda creer la Iglesia) se solucionaría con la catequización, la pre´dica y la liturgia, como prédica por excelencia." ver acá mi artículo), y acá la entrevista completa, de la que en el párrafo siguiente retomo algunas respuestas.

Ahora bien, volviendo al principio de este articulejo, la Sacrosantum Concilium, parece claro que según el Papa “la reforma litúrgica no se implementó bien porque era algo general. Ahora, la liturgia es algo propio de una comunidad. La comunidad se representa a sí misma y la creatividad del sacerdote o de otros grupos será lo que cree sus propias liturgias. La liturgia actual es más la expresión de sus propias ideas y experiencias que de lo que se encuentran con la presencia del Señor en la Iglesia. Y con esa creatividad y presentación personal de la comunidad, desaparece la esencia de la liturgia. (...) La universalidad de la liturgia es esencial. La definición de la liturgia y el restablecimiento de esta idea también podrían ayudar a obedecer mejor las normas, no con un positivismo jurídico, sino compartiendo realmente lo que se nos da en la Iglesia a través del Señor”.

Cardenal Ratzinger: “(...)Los gestos externos no son sólo un remedio de por sí, pero podría ayudar dado que es una interpretación muy clásica de la dirección de la liturgia. Generalmente, pienso que fue bueno traducir la liturgia en las lenguas locales porque la entendemos, participamos también con nuestras mentes. Pero la presencia del latín en algunos elementos ayudaría a darle una dimensión universal, darle la oportunidad a la gente para que vea y diga “Estoy en la misma Iglesia”. Así que, en general, las lenguas locales son...

Raymond Arroyo: Algo bueno.

Cardenal Ratzinger: “…Una solución. Pero algo de latín podría ayudar a tener la experiencia de universalidad”.

Cardenal Ratzinger: “(...) creo que es importante estar abierto a la posibilidad de demostrar también la continuidad de la Iglesia. No somos parte de una Iglesia distinta a la de hace 500 años. Siempre es la misma Iglesia. La Iglesia siempre es Santa, nunca ha dejado de serlo, es imposible. (Refiriéndose a la misa tradicional pero en argumento que sirve para la defensa del latín)

Raymond Arroyo: Correcto. Algunos sugieren, Su Eminencia, que existe un cisma de facto en la Iglesia de hoy. Muchos que se llaman a sí mismos católicos, que nacieron en hogares católicos y que fueron bautizados como tales, simplemente no creen ni viven una vida de fe. ¿Cómo los atraemos nuevamente? ¿Cómo llegamos a ellos en medio de nuestra realidad cultural actual?

Cardenal Ratzinger: “Diría que ese es un problema pastoral permanente (…) Pienso que un peligro real con el que nos topamos es que en las homilías los sacerdotes y también los obispos repiten esencialmente sus ideas favoritas y no presentan la totalidad de la fe. Me parece entonces que una renovación en la predicación también es muy importante. La liturgia es catequesis viva. Se puede ver el Sacrificio de Cristo aquí y que Dios Uno y Trino está en contacto con nosotros y nosotros con Él. La Liturgia es muy importante. (...)”

En síntesis: Para el Papa la reforma no se implementó bien (y por ese motivo Juan Pablo II convocó al Sínodo y Benedicto XVI dictó la Sacramentum Caritatis), entre esos errores de implementación estuvo la supresión del latín (que se ve como un error evidente a poco que se revise la Sacrosantum Concilium), idioma que es signo de la universalidad o catolicidad de la Iglesia en el espacio, a la vez que en el tiempo (por eso el Papa destaca la importancia de demostrar la continuidad de la Iglesia y su identidad con la de hace 500 años y de siempre). En cuanto al cisma de facto, se pone en evidencia al ver la reticencia episcopal a aplicar el correctivo papal (mal interpretándolo) limitándose a repetir sus ideas favoritas sobre el idioma en la liturgia, que provienen de considerar a la Iglesia como nacida en el Concilio Vaticano II, interpretado como es obvio, no desde una hermenéutica de la continuidad, sino desde una hermenéutica de la ruptura, ruptura con la tradición.

Resta saber si, finalmente, el documento papal tendrá alguna aplicación práctica o, como decía en mi post anterior, servirá sólo para rellenar un hueco en las bibliotecas episcopales. La clave del éxito está, creo humildemente, en la reasunción por el Papa, del ejercicio pleno del gobierno eclesiástico, entendido no sólo cómo servicio y ministerio, sino también como plena potestad de jurisdicción sobre todo el orbe católico.

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4 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Muy claro el "articulejo".
Saludos

Pd: Te debo un mail, pero no creo que te lo vaya a escribir nunca.

1:22 p.m.  
Blogger La Espada y la Cruz said...

Gracias por los saludos. Mi fuerte no es la claridad, así que, se agradece. Me imaginé que me ibas a hacer esperar...si es por mí, la demora no es problema, de verdad me interesa tu respuesta.

9:25 p.m.  
Anonymous Anónimo said...

El Cardenal Bertone, Secretario de Estado del Papa, en una entrevista concedida a Le Figaro ha afirmado la existencia del motu proprio; que cada sacerdote tendrá derecho a celebrar ese rito con su proprio calendario; y que el Santo Padre explicará sus motivaciones y las razones que lo han llevado a tomar esa decisión.
Cada vez mas cerca...

11:05 a.m.  
Blogger †Crux-εEt-ΩGladius. said...

Señores La Espada y La Cruz:

Los invito cordialmente a visitar mi blog, espero les agrade.

http://cruxetgladius.blogspot.com/

Es mi pequeño aporte a nuestra causa.

Luis Benito Román Rojas.

2:06 a.m.  

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