EL ARBOL Y EL BOSQUE
Estoy perplejo, y no tanto. Veo
que hay gente que sabe que desde el momento mismo de la concepción hay una
nueva vida humana y que por lo tanto considera al aborto como un asesinato, y
sin embargo está dispuesta a apoyar a Macri en las próximas elecciones.
Se fundan, en la mayoría de los
casos, en que lo consideran la única alternativa frente al Kirchnerismo. Creo
que se equivocan. Tal vez si se piensa a corto plazo puede parecer una
alternativa. Ciertamente no parece el Macrismo tener pensado coartar las
libertades económicas, ambulatorias, de expresión, políticas, etc. .
Queda claro que al quedar entre dos fuegos, el
de la izquierda militante que lo apuró con el dictado de una ley de aborto
cuasi libre y el del multiforme movimiento pro-vida, Mauricio anunció el veto
de la ley y la realización del aborto amparado en el Protocolo que dictó su
Ministro de Salud. DOS PASOS ADELANTE Y UNO PARA ATRÁS, y creyó quedar bien con
Dios y con el diablo. Lo peor es que, por lo que veo, muchos se creyeron el
embuste de Macri el cruzado, obligado por las circunstancias a proceder contra
su voluntad.
Lo cierto es que existe un fuerte
núcleo de coincidencias entre el PRO y el variopinto "progresismo",
que no es otra cosa que marxismo puro y duro devenido en gramscismo.
A estas personas las ha
confundido y devorado la tremenda revolución cultural que padece la Argentina. Creo
que contribuye bastante a esa confusión la falta de un lenguaje claro por parte
de los pastores, enredados en discursos en algunos casos incomprensibles,
laberínticos, oscuros y en otros claramente cooptados por la perversa lógica
democrática, tienen el hábito de ser cruzados del día después, en lugar de
ponerse al frente de su feligresía, mirando a lo lejos (epi-scopus), van
siempre a retrancas, tironeados por aquellos pocos fieles que todavía no están
embobados por su discurso edulcorado y anestesiante. En el mejor de los casos,
los pastores hablan en nombre y defensa de la Constitución y los Derechos
Humanos, y en eso coinciden con los rabinos Bergman y Skorka, que hasta lo
hacen mucho mejor que ellos. Es que no han sido designados obispos para hablar
de la Constitución y los Derechos Humanos, sino para recordarle a propios y
extraños la Ley de Dios. Así se explica la defección de muchos, que no tienen
culpa de que sus pastores no les den alimento espiritual ni intelectual sólido
ni denuncien la conjuración anticristiana en plena ebullición. Se han tragado
el sapo y son como perros mudos. Pero si el perro guardián no ladra, estamos
sonados.
A pesar de ese terrible silencio,
lo cierto es que hace ya muchos años es inocultable, que marxistas y liberales,
tiran juntos en todo lo que guarde relación con la destrucción del orden
cristiano y natural y cualquier institución que tenga olor a él. Una de esas materias
en que los social-demócratas hacen yunta es la de las políticas de población o
despoblación diríamos. Y fué Kissinger el que, sin quererlo nos dió la clave de
bóveda del sistema, cuando se desclasificó su documento sobre los intereses
estratégicos de EEUU en la promoción de la contronatalidad en el mundo
emergente. Un fuerte lobby financiado desde Europa y Estados Unidos pretende
imponer el aborto libre en el mundo entero, y, en particular, en el hemisferio
sur. Se trata de una auténtica guerra poblacional, la idea es que si las
naciones del hemisferio sur (las que no pertenecen al “primer mundo”) se
desarrollaran, pasarían a explotar, necesitar y consecuentemente consumir sus
recursos, considerados en el informe como reserva estratégica necesaria para el
tío Sam. Y esa es sólo una de las vertientes que adquiere en su faz práctica
esta guerra.
Por ello, aún sin de entrar en el
debate directo sobre la inmoralidad del aborto, ciertamente hay fuertes razones
políticas para rechazarlo en todas sus formas, excusas y pretextos, porque está
claro que, abierta cualquier ventana en la casa, el asedio ya está ganado.
Con sólo mirar a problemas de
orden práctico, se verá la fuerte inconveniencia de permitir esa aberración y
la necesidad, por el contrario, de promover la sólida unión de la familia
fundada en el matrimonio entre el varón y la mujer y el fomento del crecimiento
de la tasa de natalidad. Uno de ellos tiene que ver con el envejecimiento
poblacional. En el año 1999 la Organización de Estado Americanos señalaba que “Con
un 9% de ancianos, la Argentina ha consolidado su posición dentro del grupo de
países de América Latina que más envejeció en las últimas décadas. El cambio de
hábitos, inducido por la situación económica y la realidad social de fin de siglo,
como por ejemplo: viviendas más pequeñas; el ingreso de la mujer al mercado
laboral; la influencia de los medios de comunicación y, entre otros, la mayor
información relacionada con la anticoncepción, nos ubica, en este sentido,
frente a la misma tendencia que siguen los países del Primer Mundo. Todos estos
motivos nos hacen pensar que en la Argentina los años no vienen solos”. En los últimos
50 años la tasa de fertilidad bajó de 3,3 a 2,2, y la tasa de vejez es al año 2011
del 14,3%, lo que nos ubica en una situación de pirámide poblacional de urna
funeraria. Y eso representa un serio problema político a mediano y largo plazo:
para financiar el sistema previsional se incrementará necesariamente la presión
tributaria sobre la población activa.
La Argentina con 40 millones de
habitantes, tiene una densidad de población promedio de 14,4 hab/km². Sin
embargo hay 8 provincias que no llegan a 5 hab/km2, lo que significa que
prácticamente están deshabitados 1.100.000 km2 de su territorio. Lo que era un
desierto en tiempos de Roca, lo sigue siendo. Y el lema gobernar es poblar, de triste
memoria, expurgado del vicio antiargentino que lo imbuía, debería reeditarse
parafraseado: reproducirse es hacer política.
El informe encrucijadas Nº 46 de
la UBA, refiere un estudio del CONICET en el que se concluye que la Argentina
produce anualmente suficiente alimento para más de 330 MILLONES de habitantes,
exportando la inmensa mayoría de su producción. Ciertos estudios hablan de que
la mayor pobreza se detecta en hogares con alto número de jóvenes (léase con
muchos hijos), pareciera querer relacionarse el número de hijos con la
improductividad económica. Sin embargo, pocas veces se analizan (a no ser desde
la óptica marxista) las relaciones de justicia que atraviesan la vida
económica. El liberalismo se limita a los números fríos, el marxismo, a la
lucha de clases. Pocas voces se alzan predicando la justa distribución de los
bienes que Dios ha dado a los hombres para su subsistencia, y que lo llaman a
ejercer un “dominio”, que es señorío sobre las cosas y no a ser, a la inversa,
dominado o poseído por ellas. En el planteo liberal, el hombre es dominado por
lo que posee, en el planteo marxista es dominado por lo que ambiciona. La
solución práctica que ofrecen unos y otros culmina en la guerra de todos contra
todos: en el caso del liberalismo prevalecerá el individuo más fuerte el
ejemplar más apto. Para el comunismo, prevalecerá, en las ideas, la
colectividad, en la práctica, el partido y en el partido, el más fuerte. Pero hasta
el más fuerte es derrocado por otros, así que la revolución es constante. Con
esa división tienen al mundo obnubilado hace casi un siglo, y los que dicen
haberla superado, son la síntesis de esa dialéctica: socialdemócratas o
ecologistas, en definitiva, un poroto para Gramsci.
El Malthusianismo, fue vencido
por la experiencia desde su mismo nacimiento, y qué mejor ejemplo que el de la
Argentina, pero sigue dando manotazos, y qué manotazos!! haciéndonos creer que
somos pobres porque tenemos muchos hijos y que seríamos más ricos si tuviéramos
menos hijos. Lo más probables es que si en lugar de 40 MILLONES, fuéramos 330
MILLONES, produjéramos alimentos para 2000 MILLONES, porque el ingenio se
multiplica y la técnica avanza, pero todo ese progreso técnico parece que no
alcanza si no hay generosidad, grandeza, ni vocación de imperio.
No puede haberla en ningún
político que reniegue de las raíces históricas de nuestro país, porque los
pueblos que no son fieles a su pasado no tienen futuro.
El intendente de la Ciudad tiene
presente sólo el hoy, el único mañana que avizora es el que le promete algún
encuestador pago de turno, no tiene ni el carácter ni la fuerza moral que hacen
falta para llevar al País a ningún destino de grandeza, quedó demostrado que no
se diferencia de la progresía abortera y que es compañero de ruta del lobby
rosa. Por lo demás, los que lo siguen, o son tan inmorales como él, o son
tontos, o se hacen, y si se hacen, tan tontos no son, porque algún interés han
de perseguir, y no creo que sea demasiado altruista.
Macri no es más que un
politicucho, un advenedizo, un nuevo rico, un aventurero, sin grandeza
intelectual ni moral, que tiene una cuota momentánea de poder, y que
probablemente pase sin pena ni gloria por la historia de la Ciudad y Puerto de la Santísima Trinidad
y Santa María de los Buenos Aires. Creo que en lo que hace a la historia
nacional no tiene reservado ningún papel, a no ser el de ser recordado como
quien le abrió las puertas del país al oleaje de sangre del mayor genocidio
silencioso de que se tenga memoria desde la creación del mundo.
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